El Camino Primitivo de Santiago es la ruta jacobea más antigua y una de las más auténticas. Su origen se remonta al siglo IX, cuando el rey Alfonso II el Casto realizó la primera peregrinación conocida desde Oviedo hasta Santiago de Compostela tras el descubrimiento de la tumba del Apóstol.
En su recorrido, Lugo ocupa un lugar destacado como punto clave de paso y descanso para los peregrinos.
Lugo, un encuentro con la historia
Entrar en la ciudad por la Puerta de Santiago supone una experiencia simbólica: cruzar la muralla y acceder a un espacio de calma, historia y espiritualidad. Aquí, el camino no es solo tránsito, sino también pausa.
A lo largo de su paso por Lugo, el peregrino puede visitar la catedral, recorrer el casco histórico y descubrir una ciudad que entiende el valor del camino como experiencia vital.
Además, Lugo ofrece al visitante una oportunidad única: combinar la tradición jacobea con una oferta gastronómica y cultural que enriquece la experiencia de la peregrinación.
A diferencia de otras rutas más concurridas como el Camino Francés, el Camino Primitivo conserva un carácter más íntimo y exigente. Cada año, alrededor de 20.000-25.000 peregrinos eligen este itinerario, atraídos por su autenticidad, por la riqueza paisajística y por el contacto directo con el territorio. Lugo se convierte así en un punto de equilibrio dentro de la ruta: un lugar donde recuperar fuerzas, conocer la historia y continuar el camino con una perspectiva diferente.



